Cuando La Candelaria Espanta
Por: DANIEL SANCHEZ

Cuando observamos la Candelaria, automáticamente pensamos, en bares, bohemia, poesía, cultura, univesitarios y rara vez nos detenemos a pensar en aquellas casas antiguas, que la conforman; que historias albergan, y que llaves nos permitirán entrar por aquellas viejas cerraduras que el paso del tiempo ha dejado su huella de oxido en la mente de los bogotanos.
Si las casas de la Candelaria hablaran, nos contarían tantas cosas… Hablarían de virreyes y hacendados que aún recorren las antiguas edificaciones coloniales; de sombras misteriosas, cuyos pasos atraviesan la soledad de la noche. Sus relatos estarían llenos de murmullos que se entretejen en medio de balcones y de escalinatas de madera, que crujen al paso de un fantasma. Hablarían de ilustres caballeros de fina armadura que arrastran sus cadenas por las adoquinadas calles o de seres malévolos del más allá que, con el correr de los años, se convirtieron en unos habitantes más del centro histórico.
Tipógrafo Enloquecido
“Era la casa del señor Camargo, un tipógrafo que dejó a su esposa a cambio de una amante. Allí permanecía un espíritu que le hacía daño al señor Camargo. Él se dedicaba a trabajos muy costosos y el fantasma, al que llamaba Irene, le destrozaba todo en la noche. Con el tiempo, Camargo se acostumbró a su compañía y muchos lo oían hablar aparentemente solo en las noches, pidiéndole a Irene que lo dejara trabajar en paz,” cuenta Rosa María Quintero, una ama de casa apasionada de los fantasmas, gracias a las historias que narraban sus abuelos.
Todo este bagaje cultural de tradición oral, ha sido divulgado de generación en generación, atrayendo a propios y extraños, que será lo que posee la Candelaria, que embruja y enamora a todos los que la visitan, y entre más jóvenes mejor, ya que estos son los que mayormente transitan por estas calles, debido a centros culturales como la Biblioteca Luis Angel Arango y los museos del Oro y Botero.
Rosa María una noche se atrevió a convocar al fantasma de Irene: “En diciembre acostumbrábamos bajar a la iglesia de San Francisco, a eso de las 4 de la mañana. Una vez pasamos por la casa del señor Camargo y oímos que destrozaban resmas de papel. Yo les dije “Oigan cómo Irene acaba con la tipografía.” Nos acercamos a la puerta, nos recorrió un gran escalofrío y vimos una luz que se reflejó en el andén. Nunca había sentido tanto temor. La verdad, pies me hicieron falta, y en una sola carrera llegué a la carrera Séptima”.
Se presume que es un virrey, que anda por allí de pantalón corto, medias de seda, zapatos con hebilla de plata y peluca empolvada. Ronda por la fundación Alzate Avendaño. Se dice que es el Fantasma de la Casaca Verde o el mismo virrey Espeleta que se hace presente, y que a veces logra que los libros de la biblioteca se muevan.
Pero no sólo las personas mayores de la Candelaria hablan de fantasmas. Éste también es un tema de jóvenes. Como sucede con Francisco Sánchez quien, a pesar de haber hecho todo lo posible, nunca ha logrado ver al fantasma que ronda por la calle del Embudo. “Dicen que todos los meses que tienen 31 días aparece un muchacho, con una sotana blanca, leyendo la Biblia y arrastrando unas cadenas. Otros hablan de el Caballero del Chorro de Que-vedo, que sale con su armadura y sobre un caballo negro. Claro que esto lo ven más que todo los hippies que andan en su cuento,” afirma el joven con una sonrisa.
Por Un Cabello Tan Bello...
Pero dentro de tanto relatos aparece la leyenda de la despelucada de las aguas, que tiene que ver con la vanidad y la humildad, nació, creció y aún se repite en los alrededores de la actual iglesia de Las Aguas, en la calle 19 con carrera 3. La leyenda dice que cerca de allí vivía una mujer bella, admirada por la hermosura de su rostro y cabellos pero quien, en un acto de arrogancia y vanidad, dijo, ante un grupo de invitados en la celebración de su cumpleaños, que su cabello era tan bello que no lo tenía ni la Virgen de Las Aguas. Entonces, habría sido castigada de inmediato: truenos, oscuridad, un fuerte olor a azufre, su transformación en la Medusa criolla, con sus cabellos convertidos en serpientes y su rapto eterno a manos de un demonio, según afirman los relatos.
Como vemos visitar la Candelaria nos adentra a un mundo mágico, lleno de relatos y mitos, que tan imaginarios y supersticiosos son, como para aquel que quiera creerlos y llevarlos en su realidad, realidad que solo este barrio permite alerjanos de ella.
